Imprimir
Visto: 373

     Desde nuestros movimientos y comunidades laicas, le recibimos con alegría en el Perú, cuna de una civilización milenaria y pueblo culturalmente diverso. Llega Usted a un país que vive profundas transformaciones. Aunque en los años recientes haya reducido sus índices de pobreza, mantiene, sin embargo, enormes brechas sociales por un trato discriminador hacia las zonas rurales, los grupos étnicos originarios y las mujeres, incluyendo un alto grado de feminicidio. Son importantes y generosas las fuerzas sociales que luchan por construir una sociedad justa y fraterna, pero se ven desafiadas por desigualdades sociales y por graves hechos de corrupción de parte de representantes políticos y funcionarios públicos.


     El escándalo del “Lava Jato” ha puesto en evidencia prácticas habituales de prebendas millonarias en las obras públicas que refuerzan la desconfianza en autoridades e instituciones del Estado y afectan de manera directa a los más vulnerables. Como movimientos laicos de Iglesia, condenamos con Usted la corrupción como "la raíz de la esclavitud, del desempleo, de la incuria de las ciudades, de los bienes comunes y de la naturaleza", a tal punto que Usted planteó “la necesidad de profundizar, a nivel internacional y de doctrina jurídica de la Iglesia, la cuestión relativa a la excomunión por corrupción o asociación mafiosa".
     En estas circunstancias, su presencia y su mensaje nos alientan en el seguimiento de Jesús y nos dan fuerza para encarar los grandes retos actuales al compartir con Usted la fe y la apuesta por la vida y la esperanza. Estamos junto a Usted diariamente en la oración y en la reafirmación y desarrollo del espíritu del Concilio Vaticano II y de las Conferencias del Episcopado Latinoamericano desde Medellín hasta Aparecida. Con nuestra Iglesia, asumimos la “opción preferencial por los pobres”, fundamentada en el evangelio, y acogemos con alegría su llamado a escuchar “el clamor de la tierra y el clamor de los pobres” (Laudato Si´) para ir transformando juntos nuestra realidad y construir una Iglesia pobre y para los pobres.

La situación de la Amazonía: visita a Madre de Dios.

La Amazonía, patrimonio ecológico de la humanidad y lugar de vida de numerosas comunidades, sufre los efectos de un extractivismo irresponsable que depreda, deforesta y contamina. En Madre de Dios se evidencia que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (Laudato Si´ Nº 39). Así es, junto al desastre ecológico, se dan situaciones inaceptables de esclavitud laboral y trata de personas, particularmente de mujeres jóvenes y niñas que sufren explotación sexual, así como la postergación de los derechos de los pueblos indígenas.
Que vuestra presencia ilumine una política ambiental coherente de protección de la Amazonía frente al calentamiento global y el cambio climático. Urge detener drásticamente los cambios de uso del suelo forestal que amenazan el ecosistema amazónico. Hacen falta incentivos para la conservación del bosque y encarar las causas de migración hacia la Amazonía con la promoción de un desarrollo humano integral sostenible y equitativo y el apoyo a los pequeños productores agrícolas en la diversificación de su economía.

Los efectos del Niño Costero y el proceso de reconstrucción: visita a Trujillo

Trujillo es una de las trece regiones del país que han sufrido recientemente pérdidas de vidas y graves daños sociales y materiales debido al fenómeno de El Niño Costero. Estos hechos pusieron en evidencia la necesidad de estar preparados para encarar futuros acontecimientos,
considerando el contexto del calentamiento global y el cambio climático, siendo el Perú uno de los países más vulnerables al mismo, que afecta especialmente a los más pobres. Pero, también esta situación crítica dio lugar a significativos gestos de solidaridad, que muestran que es posible tendernos la mano y trabajar unidos por el bien común.
Tenemos el reto de lograr una reconstrucción con verdaderos cambios, que no repita los errores de falta de planificación y prevención, que ponga en primer lugar el derecho a una vida segura para las poblaciones y una gestión solidaria y sostenible de los territorios y del agua, para lo cual es indispensable la vigilancia y participación ciudadana y la constante solidaridad de la Iglesia y los fieles.

El reto de forjar un país descentralizado con justicia social y ambiental: visita a Lima

Lima concentra un tercio de los habitantes del Perú y alberga a “todas las sangres” del país. Como sede del Gobierno Nacional sigue siendo muy centralista y poco sensible a las necesidades del resto del país. Si bien hay sectores que han logrado mejoras, Lima mantiene enormes desigualdades y contrastes, habiendo zonas que concentran a familias de muy altos ingresos y comodidades, mientras otras se encuentran en grave situación de pobreza. Para gran parte de los trabajadores, las condiciones laborales son precarias, ya que casi el 70% de ellos son informales, y se ha retrocedido en el cumplimiento de sus derechos a un trabajo digno y a asociarse libremente en sindicatos, lo que se agrava para los jóvenes, niños y adolescentes.

Una dolorosa preocupación

Como movimientos de nuestra Iglesia, junto a otros laicos y laicas, sacerdotes, religiosos y religiosas a lo largo y ancho de nuestro país, vivimos con mucho dolor e inquietud el escándalo de la pederastia que involucra a instituciones -como el Sodalicio de Vida Cristiana- y personas de Iglesia. Ello genera mucha decepción y el alejamiento de auténticos cristianos. Esperamos que la Iglesia, escuchando a las víctimas y fiel a las palabras de Jesús (Mt.18), se oponga a la impunidad y procure que las instancias judiciales del Estado hagan justicia. Asimismo, en la línea de la Comisión sobre Abuso de Menores que Usted ha creado, sugerimos que, como se hiciera con Laudato Si’, se estudie a fondo las posibles causas personales y estructurales de estos hechos para establecer medidas eficaces que eviten su repetición.
Alegría por su testimonio y su visita
Agradeciendo una vez más la acción del Espíritu en el don de su Pontificado que nos guía y acompaña, ratificamos nuestro compromiso con la opción preferencial por los pobres y nuestra firme voluntad de seguir trabajando desde el Perú en la construcción de una sociedad de fraternidad y paz en armonía con la naturaleza.