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El día 22 de mayo 2014, Gaspar Martínez impartió su conferencia “una economía al servicio de las personas”, primera de las dos previstas en el ciclo dedicado a dar una visión de la crisis económica mundial desde una perspectiva cristiana, abordando las principales causas origen de la misma, así como algunas claves en perspectiva ética para reconducir la situación.

Una primera sugerencia del ponente nos pone en guardia: “la solución es imposible, pero sólo lo imposible merece la pena”. El fracaso está en la cultura cristiana, Jesús fracasó estrepitosamente en su función en la tierra, aunque su triunfo llegaría después; como tantas personas de nuestro mundo, incomprendidas y denostadas en vida por sus extravagancias y locuras, y reconocidas a título póstumo.

 

“La justicia es la medida mínima de la caridad”. Me gustaría suscribir totalmente esta afirmación, y que trabajar por ella es una obligación del cristiano, pero reconozco mis limitaciones para dentificar los criterios de medida la justicia; dónde termina la justicia y dónde comienza la caridad? Esto significa que la caridad cristiana no tiene valor hasta que no cubrimos los mínimos de la justicia, y por tanto la solidaridad con los más perjudicados por la crisis es una obligación por debajo de la cual no estamos cumpliendo nuestra responsabilidad cristiana.

“La conversión es una actitud permanente: Hacer las cosas de otra forma, y hacer otras cosas”; “La iglesia es limitada, no tiene soluciones para todo”; son otras frases apuntadas en la charla de Gaspar. Ciertamente, la iglesia no tiene respuestas para todo, pero cada uno, en nuestro entorno debemos hacer lo posible para procurar esa justicia que sienta las bases de la caridad, y que nos ayuda a pensar de qué otra forma se pueden hacer las cosas para no volver a tropezar en la misma piedra.

Algunas claves del desastre de la crisis: Crecer, crecer y seguir creciendo hasta que el sistema reviente por sobrecalentamiento. Los políticos dicen que estamos volviendo a la senda del crecimiento, y que eso nos sacará de la crisis. Pero ¿cómo es posible si el exceso de crecimiento es, según Gaspar, una de las principales causas de la crisis? ¿Estamos dispuestos a no crecer más para que otros que lo necesitan puedan llegar a nuestro nivel de bienestar actual? Entre China y la India hay más de 2.500 millones de personas que quieren vivir como nosotros, que ven las series de televisión occidentales, y saben que en sus inmundas industrias supercontaminantes y sin las mínimas condiciones de trabajo de las que nosotros presumimos, ellos fabrican lo que llega rápidamente a nuestras estanterías, a unos precios de risa (ropa, juguetes, bicicletas, coches, de todo...). Y la población en esos países sigue creciendo exponencialmente…

“El consumo se ha convertido en una religión de sustitución”, pero esto no es nuevo; la biblia nos lo describe en el relato del becerro de oro, cuando el pueblo de Israel esperaba a Moises. Pero Moises no llegaba, y el pueblo impaciente rápidamente encontró otro dios al que adorar. El consumo y el crecimiento constante son nuestro becerro de oro.

Y todo esto se agrava más cuando encima del propio becerro de oro ponemos el YO, ni siquiera ponemos el nosotros como objetivo de mejora común. Yo soy el que tengo que crecer, yo tener trabajo; yo tengo derechos pero no responsabilidades...

La cultura de la satisfacción basada en la abundancia y la competencia como filosofía social y de camino hacia el éxito personal, nos han llevado a que la solidaridad se convierta en un “residuo estético” que ayuda a calmar la conciencia.

Lo que hay que revisar y cuestiones a afrontar.

Recuperar la base ética de la economía, de la sociedad en sí misma, del mercado al servicio del bien común.

Instaurar un sistema de gobernanza mundial más justo y solidario, que no excluya a los más débiles sino que trabaje para que esos sean los que mejoren sus condiciones: gobernar para todos. No somos dueños del mundo, nos recordaba Gaspar, ni siquiera de nuestra casa o jardín; tan solo tenemos el mundo prestado. Dios nos lo ha prestado para que lo cuidemos y se lo pasemos al siguiente de la cadena, a poder ser mejor de lo que estaba cuando lo recibimos.

Es necesaria una solidaridad mundial estructural, transparente, con un control público del riesgo moral, y con posibilidad de nacionalizar lo que no funcione según unos criterios acordados.

La economía participativa como signo y levadura de una economía nueva y diferente, que ayude a recuperar la cultura del “ser” en lugar del “tener”.

El trabajo y la vivienda son la base de la dignidad social de las personas, y en este momento cada vez más personas están en riesgo de perder una de ellas, o ambas, lo que genera una cadena de desencuentros en el entorno personal y familiar.

Y los creyentes qué?

Es en esta fase del seminario de Gaspar donde conectamos con la intervención de Juanma Sinde; que tomando como base la Doctrina Social de la Iglesia, la pastoral de los obispos vascos sobre una economía al servicio de las personas y la Evagelii Gaudium del Papa Francisco, nos traslada una propuesta de iniciativas concretas de actuación.

Juanma Sinde

Según Juanma Sinde, existe un exceso de diagnóstico poco acompañado de propuestas aplicables, y tratando de ser prácticos es mejor hacer algo y equivocarse que no hacer nada.

Existen miles de millones de personas en el mundo mejorando sus condiciones de vida de forma permanente; el mundo está cambiando a pasos agigantados y con ello las reglas de juego que determinarán el futuro; yo y diría que están determinando el presente.

Recordamos los “compromisos cristianos ante la crisis” presentados en diversos ámbitos públicos de la sociedad que nos propone este grupo de cristianos responsables:

1. Donar un día de sueldo/pensión al mes para las personas más desfavorecidas

2. Ofrecer 2 ó 3 h. semanales de trabajo voluntario en tareas de “transformación social”, preferentemente en organizaciones que se preocupan de las necesidades de los más pobres y buscan un modelo socio-económico más justo y más humano.

3. Actuar como contribuyentes éticamente responsables, pagando todos los impuestos sin fraudes ni artimañas legales, incluso solicitando la factura para pagar siempre el IVA

4. Ahorrar en banca ética ó en las entidades más comprometidas socialmente

5. Visitar, al menos dos veces al año, una tienda de Comercio Justo, Ecológico o Solidario

6. Propiciar la existencia de becas u otras ayudas públicas utilizándolas responsablemente, a fin de que puedan llegar a todas las personas que realmente las necesitan

Referencias a los documentos de estos seminarios y otros documentos de interés en:

https://sites.google.com/site/bkaeuskadi/Resources

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