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Discurso del Papa en Astalli:  10 de septiembre de 2013

Cada uno de vosotros  lleva una historia de vida que nos habla de dramas de guerras, pero cada uno de vosotros lleva sobre todo una riqueza humana y religiosa, una riqueza para acoger, no para temer.

 

 Servir: acoger a la persona que llega, establecer con ellos vínculos de solidaridad, esta palabra que da miedo al mundo desarrollado. Los pobres son maestros privilegiados de nuestro conocimiento de Dios; su fragilidad y su sencillez desenmascaran nuestros egoísmos, nuestras falsas seguridades.  La sola acogida no basta si no se acompaña de la posibilidad de aprender a caminar por sus propios medios. La caridad que deja al pobre así como es, no es suficiente. La misericordia verdadera, pide justicia.

Defender. Quiere decir ponerse de lado de quien es más débil. Para toda la Iglesia la acogida del pobre y la promoción de la justicia deben ser  una atención de toda la pastoral. Los conventos vacios no han de servir para ganar dinero, no nos pertenecen, son para la carne de Cristo que son los refugiados.