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 Declaración de las organizaciones de inspiración católica respecto al trabajo decente y a la agenda de desarrollo post-2015 13 de junio de 2013

Como contribución al debate del marco de desarrollo post-2015, nosotros, las organizaciones de inspiración católica1 reafirmamos que la ruta más efectiva para superar la pobreza y la actual crisis económica mundial se encuentra estrechamente conectada con el fomento del trabajo decente y el apoyo a la protección social adecuada. Por tanto, afirmamos con seguridad que «el trabajo humano es una llave, probablemente la clave esencial, para toda cuestión social, si intentamos ver realmente esa cuestión desde el punto de vista del bien del hombre».

Reconocemos los retos a los que se enfrenta la humanidad que vive en un mundo globalizado y que lucha por hacer frente a los recursos limitados, por desarrollar y promover las oportunidades para unos medios de subsistencia sostenibles, y por construir la paz. Creemos que la erradicación de la pobreza requiere un compromiso conjunto del que son responsables los gobiernos, los empresarios y las organizaciones de trabajadores, el sector privado y la sociedad civil. Estos compromisos se basan en la dignidad humana, los derechos y responsabilidades humanas y la solidaridad. Este documento constituye una contribución para la reflexión y el debate global sobre la Agenda de Desarrollo Post-2015, ya que contamos con una gran experiencia en el sector privado, así como en las actividades mundiales de programación práctica y diseño de políticas, desde la base hasta niveles globales, a veces en colaboración directa con los Estados, las organizaciones internacionales y otras organizaciones de la sociedad civil. Instamos y apoyamos a la comunidad internacional en sus esfuerzos por renovar el compromiso de toda la familia humana para erradicar la pobreza por medio del fomento de trabajo decentey de de buena calidad y la protección social para todos los trabajadores de todos los sectores de la economía, incluida la economía informal. Nos preocupa particularmente la situación de los jóvenes y los emigrantes que, a pesar de ser una parte importante de la solución a la crisis financiera, se enfrenta a retos cada vez más grandes y difíciles a este respecto.

Apoyamos el esfuerzo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para incluir el programa de trabajo decente en el marco de desarrollo post-2015, reflexionando y animando los principios expresados en la Declaración de Filadelfia de la OIT (1944) que declara que el trabajo no es mercancía. En particular, este artículo se pronunció en 1931 en la encíclica papal Quadragesimo Anno3, un componente esencial de la doctrina social de la Iglesia católica.

El fomentar el trabajo como medida para erradicar la pobreza no debería estar en discusión. La cantidad de trabajos no puede ir en detrimento de la calidad de los mismos; el trabajo debe ser honrado. Para que el trabajo sea honrado, ha de ser un «trabajo que exprese la dignidad esencial de cada hombre y mujer en el contexto de su particular sociedad».4 Es el deber y la responsabilidad de todos los interesados que participan en el mundo laboral que cooperen hacia la consecución de este objetivo con un auténtico espíritu de justicia y equidad. Cuando todas las partes interesadas se involucren, este compromiso será una fuente de esperanza. Sin embargo, en el mundo globalizado actual el trabajo es cada vez más informal, precario y vulnerable. Ni los objetivos laborales ni los márgenes de beneficio (para empresarios, empresas y economías) deberían ir en detrimento de las condiciones laborales. Los seres humanos no son «mercancía». Instamos a todos los diseñadores de políticas y empresas (públicas y privadas) a que consideren la dignidad humana de los trabajadores, su talento, el trabajo y las familias, y les permitan satisfacer mejor su vocación humana en el lugar de trabajo. También hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que amplíe los cuatro pilares de la programa de trabajo decente (OIT): empleo, protección social, derechos en el trabajo y diálogo social para todos los trabajadores, incluyendo los de la economía informal.

Ampliación de la protección social

Todas las personas y organizaciones deben asumir sus respectivas responsabilidades ejerciendo las acciones necesarias para proteger y avanzar hacia el bien común. La ampliación de la protección social es un medio fundamental para lograr una solidaridad tanto dentro de la sociedad como a través de la misma. Los mecanismos de protección social son esenciales para erradicar la pobreza, ya que protegen a los trabajadores y a sus familias de los riesgos asociados al desempleo y la enfermedad.

Los sistemas de protección social5 débiles necesitan consolidarse. Tal y como se recoge en las recomendaciones de la OIT6, los pisos de protección social son herramientas poderosas para extender la protección con el fin de que incluya a todos los trabajadores, las familias y las comunidades. Rogamos que se preste una atención especial al trabajo decente y a la protección social para los trabajadores jóvenes y emigrantes.

Preocupación especial por la juventud y empleo

En el mundo actual, los jóvenes, especialmente los que viven en áreas rurales y trabajan en la economía informal, se enfrentan a grandes dificultades en el mundo laboral. La generación joven está obteniendo muchas habilidades profesionales. Muchos jóvenes trabajan sin contrato o con contratos a tiempo parcial con salarios precarios. Un gran número de ellos están desempleados. «Es particularmente doloroso cuando afecta a unos jóvenes, que tras una adecuada preparación cultural, técnica y profesional, no logran encontrar trabajo, viendo tristemente frustrado su sincero deseo de trabajar y su buena disposición para asumir sus propias responsabilidades para el desarrollo económico y social de la comunidad». (Laborem Excercens #18). Además, mucha gente joven pagan tasas muy altas por la educación universitaria y la formación profesional, endeudándose desde una edad temprana, y sin disponer de un trabajo.

Muchos jóvenes están perdiendo la esperanza en el futuro con el consiguiente riesgo de pérdida de los valores fundamentales. «Hoy en día muchos jóvenes se preguntan seriamente si la vida es algo bueno y tienen dificultades para encontrar su camino».7 Instamos a todas las organizaciones gubernamentales, de trabajadores y de empresarios, así como a las organizaciones de la sociedad civil que trabajen con los movimientos juveniles y sus representantes para garantizar un futuro seguro y significativo para las generaciones jóvenes. Debería garantizarse el acceso al trabajo a los jóvenes y que disfrutasen de unas condiciones de trabajo honradas y una protección social, incluyendo cuando abandonan la escuela y entran en la fuerza de trabajo. Hay que llevar a cabo un minucioso análisis y una reforma del sistema educativo para garantizar una transición gradual de la escuela al trabajo. Los dirigentes empresariales tienen la importante responsabilidad de involucrarse y acompañar a esta generación de jóvenes en esta transición.

Preocupación especial por los trabajadores emigrantes y sus familias

Además de ser un derecho, la emigración es una estrategia humana natural para combatir la pobreza. Según la OIT, el 90% de los emigrantes internacionales actuales, de los cuales muchos son jóvenes, trabajadores o miembros de familias de emigrantes que se han desplazado principalmente por razones económicas, es decir, para trabajar. El trabajo y las ganancias de los emigrantes hacen un aporte sustancial al desarrollo positivo y la reducción de la pobreza tanto en los países donde trabajan como en sus países de origen. La emigración, como fuerza que impulsa un desarrollo social positivo, es un reto crítico y aún tiene que tratarse adecuadamente. Sin embargo, millones de emigrantes se desplazan entre sus regiones o a través de continentes, incluyendo un gran número de granjeros y trabajadores domésticos tanto con papeles como si ellos, son sometidos a condiciones laborales que son totalmente indecentes.8. Hacemos un llamado a los gobiernos, a los empresarios, a las organizaciones de trabajadores y a la sociedad civil para que colaboren para asegurar que todos los emigrantes y sus familias se beneficien de los mismos derechos y asuman las mismas responsabilidades en el país que viven como cualquier otro trabajador. Es necesario prestar una atención específica a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, así como a la provisión de una protección social adecuada, justa y portable, a niveles que se adapten a los derechos humanos universales y las normas internaciones del trabajo. Si no se hace esto, se debilitan los mercados laborales, la salud pública, la cohesión social y el orden público. Una protección social para los emigrantes significa una mejor protección para vivir en paz dentro de la sociedad.

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